martes, 31 de marzo de 2009

La Ruta de los Cuadernos Mojados (IV)

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Sábado 1 de Noviembre del 2008
DULCE CAUTIVERIO


Un taxi de un amigo de la Causa nos traslada a las 6:21 hasta una lujosa urbanización sita en las proximidades de Torrelodones.

Era ese un auténtico reducto de Libertad, con numerosas banderas nacionales izadas orgullosas a nuestro paso, solamente silueteadas aún por la fresca claridad de la mañana madrileña que ya despuntaba perezosa en el horizonte. Tal imagen que en nuestra natal región gallega sólo podría ser producto de una ensoñación onírica o de un excesivo consumo de psicotrópicos, allí se tornaba tan cierta como la misma unidad de España.

De repente nuestro vehículo se detuvo ante una enorme valla blanca, flanqueada por muros pétreos y robustos que se alzan hasta más allá de donde nos permite ver el alumínico techo del taxi. En pocos segundos, los portones comienzan a abrirse activados por algún dispositivo eléctrico, permitiendo al utilitario acceder al interior para aparcar bajo una pantalla de mimbre, a salvo de miradas de curiosos. Ante nuestra ingenua pregunta sobre si alguien nos estaría esperando, el taxista sólo nos confió que «era el día y la hora habitual de apertura», a lo que cabe añadir que fue la única ocasión en que escuchamos su grave timbre de voz en todo el trayecto. Tras descargar nuestro equipaje, el taxi abandonó sin más la zona, zigzagueando por las laberínticas vías públicas sitiadas entre las mansiones y los chalets adosados.

Durante unos minutos esperamos sin saber que hacer, las instrucciones no habían sido demasiado concisas al respecto y debatimos sobre si debíamos llamar a la puerta (arriesgándonos a perturbar el sueño de algún patriota) o quedarnos allí mismo. Una providencial llamada de móvil nos sobresaltó. La única instrucción de nuestro interlocutor fue rodear la mansión y esperar junto a la piscina. Aún pasarían varios minutos más hasta que una ostentosa puerta -opaca como las intenciones separatistas- se abrió de par en par. Una mujer adulta nos invitó a entrar en la sauna, de cuya existencia no nos habíamos percatado, al encontrarse su único acceso disimulado en un pequeño anexo a la casa.

Sin más explicaciones, la mujer se retiró y la sustituyó un hombre adulto, de mediana edad y ataviado con traje y corbata que se había aproximado mientras inspeccionábamos la pequeña estancia del baño de vapor. Tras saludarnos, y lamentando no disponer de tiempo para invitarnos a un café, pues se disponía a realizar un viaje de negocios, agradeció nuestro interés en la Ruta de los Cuadernos Mojados, dijo conocer todos los entresijos de los primeros contactos de Naranja y Primo con el Movimiento. Sin más dilaciones, y para nuestra sorpresa, se agachó y empezó a arrancar uno a uno, lenta pero vigorosamente, las tablillas que conformaban el suelo de la cálida y aromática sauna , abriendo ante nuestros ojos un espacio de apenas un metro cuadrado que daba paso a una estancia oscura de la que apenas podíamos percibir una bonita escalerilla de barrotes. Comenzó a descender invitándonos a hacer lo mismo con cuidado en cuanto encendiera las luces de «la Biblioteca» (así la llamaba), lo que hicimos sin dudar ni un instante.

Al instante de encenderse las luces nos quedamos extasiados: Docenas y docenas de estanterías repletas de volúmenes, no sabría decir si cientos, componían aquel reducto de cultura libre a salvo de las incendiarias proclamas de los nazionalsocialistas lingüísticos. Y un penetrante aroma nos cautivó, las toneladas de losas de roca normalizadora sobre nuestra memoria hicieron que tardáramos en identificar esa explosión olfativa.

«Dios mío, no puede ser...». Mirándonos en silencio cómplice, no hicieron falta vocablos para que Primo y yo confirmáramos nuestras sospechas: «No puede ser, pero sólo puede ser eso... ¡son libros de texto en español!». Como gatos en celo nos abalanzamos sobre los estantes, ávidos de dar a la vista y al tacto el mismo placer que acababan de experimentar nuestro olfato.

En nuestra desbocada emoción Primo arrojó al suelo un buen atajo de libros. Cuando se giró aterrorizado para pedir sentidas disculpas a nuestro anfitrión comprobó que éste sólo nos contemplaba en afónica carcajada interior, como comprendiendo perfectamente el incalculable nivel de nuestro gozo. En efecto, resultaron ser esos volumenes patosamente sembrados por el suelo libros de texto! De conocimiento del medio, de lengua española, de religión católica, de matemáticas (si, de esos sin esperpentos como "tres ao caldeiro" o cosas así)... Todos los libros, toda esa cultura variopinta que sintetiza los avances de toda una historia, con un solo denominador común... la escrita en la lengua de Cervantes, el noble idioma de los Españoles Honrados. Era aquella sensación para nosotros equivalente a la que hubieran sentido nuestros antepasados Cruzados si hubieran hallado el mismísimo Santo Grial.

Con unsa sonrisa cómplice, el anfitrión nos invitó a quedar unos minutos más deleitándonos con aquellas joyas del conocimiento en Libertad, pues hasta las 7:00 no llegarían a recogernos para preparar todo, y tras disculparse por tener que salir así de precipitadamente, abandonó el lugar con la precaución de colocar cada tablilla del suelo de la sauna tal y como lo habíamos encontrado, aprisionándonos así en aquel dulce cautiverio del aprendizaje en español.

Puntualmente a las siete, el ruido del movimiento de tablillas nos sobresaltó de nuestro letargo, en el que podríamos haber muerto de emoción sin dudarlo ni un minuto. El leve crugido de los barrotes de aquella escalerita nos hizo girarnos para observar la silueta de un varón robusto pero fornido, tan alto que casi tenía que doblar el cuello para no rozar con el techo de la Biblioteca, de un rictus serio y poco dado a grandes cordialidades, se aventuraba.

«Yo soy Navacerrada, os acompañaré en este viaje». La vigorosa presencia de aquel hombre casi no nos permitió percatarnos de la presencia de otras dos personas que lo seguian, a pesar de lo reducido de aquel espacio de libertad. «Y estos son algo así como nuestros sherpas». Efectivamente, dos jóvenes de apariencia étnica magrebí flanqueaban tímidos la regia figura de Navacerrada, eclipsados y en un respetuoso silencio con la entidad de aquel patriota, tal que aún no podríamos imaginárnosla siquiera. Lentamente extendió un pequeño papel cuadriculado a aquellos individuos, que inmediatamente empezaron a seleccionar y cargar volumenes en sus grandes mochilas de montañero. Navacerrada nos invitó a abandonar la Biblioteca, cerrándola tras de si dejando a aquellos chicos dentro, concienciados en su labor. «Esto les llevará algún tiempo, acompañadme».

Este ser señorial, casi místico, descubrió la amplia galería de la suntuosa mansión que os describíamos, dándonos paso para sentarnos en sendos sillones de terciopelo azul al centro de un inmenso recibidor de mármol abierto al jardín.

—Relajaos mientras nos traen el café. ¿Que os ha parecido la Biblioteca?.— Sin poder articular palabra, Primo y yo contestamos al unísono con un gutural —uuufff..—, seguido por un largo silencio.
—Entiendo, pocas veces en vuestra vida habéis tenido acceso a material semejante.—, elucubró, mientras el tintineo de la bandeja de café era depositado por la asistenta sobre la mesa de mármol beige. Ya lleváis años siendo imponidos.
—¿Pocas? Yo diría ninguna.— respondió precipitadamente Primo, como si se hubiera arrepentido al instante de haber levantado la voz.
—Ya... pues si estamos en esto es para que eso cambie. Todos esos libros, queridos señores, han sido seleccionados uno a uno de las más excelsas librerías y bibliotecas de esta Nación, teniendo en cuenta escrupulosamente las recomendaciones de los más prestigiosos centros educativos de España; alguno de ellos ha sido traído expresamente desde Navarra. Todos los rastros de esos libros han sido borrados, así como sus ISBN y depósito legal. No hay facturas. No hay partes de préstamos. Técnicamente, todos esos ejemplares ni siquiera existen.—
—Pero están aquí.— añadí a sus palabras.
—En efecto, y muy pronto estarán poblando los estantes de los niños de vuestra región, educándolos en libertad, acompañándolos en sus sueños e ilusiones, sin imposiciones.—
Las ganas de llorar casi me asaltan cual indio a caravana cowboy, pero intenté contenerme. No podíamos mostrar signos de debilidad, no en aquel entonces. Podría comprometer la confianza que aquellos heroes habían depositado en nosotros.
—Si Dios nos lo permite, Navacerrada, así será.— acerté a desear.
—Pues entonces, en marcha. Los muchachos ya deben haber terminado el trabajo.-
Completando de un largo sorbo los cafés, nos dirigimos hacia la puerta.
—En el patio nos espera un coche nodriza. Sólo nos puede servir para alejarnos de esta zona, pues un trayecto continuado en coche es facilmente rastreable, como os podéis imaginar nuestros enemigos están a la que salte. Apenas saldremos de la ciudad motorizados, el resto del camino será mayormente a pie, os lo advierto. Si existen dudas, esto podría llamarse el punto de no retorno. A partir de aquí cualquier paso en falso puede comprometer la operación y toda la Red, y nuestros enemigos no dejarían títere con cabeza. Estáis dispuestos a salir por esa puerta, a poner todo lo que sóis y tenéis al servicio de esta Causa hasta el mismo momento de alcanzar nuestro objetivo?
—¡Si!— Gritamos al unísono el camarada Primo y yo, siendo contestados en varias ocasiones por el eco de nuestro monosílabo procedente de aquel aglomerado de mansiones de lujo.
—Ese es el espíritu, adelante entonces.—
Al cruzar el ya luminoso umbral de aquella puerta, me sentí azuzado por una mano invisible; adiviné la mano de la Libertad detrás de aquella sensación.

Al fondo del jardín, con los motores ya ronroneando, perezosos, un espacioso monovolumen alemán acomodaba a los sherpas y nuestra preciada carga, dos mochilas repletas de aquel manjar educativo, cada una de ellas de tal volumen que no alcanzaba a explicarme que hubieran podido deslizarlas por las escuetas paredes del acceso a la Biblioteca.
—Para eso son sherpas...— me expliqué para no darle más importancia al hecho.
Una vez acomodados, el monovolumen marcado con el ya emblemático Lazo de la Libertad salió rumbeando en dirección opuesta a la que había tomado nuestro primer transporte. Claro que aquel retornaba a la ciudad, nuestro destino se encontraba en el sentido opuesto: las montañas de Madrid.

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19 comentarios:

Feijoo dijo...

Seguro que gracias a eses libros, los niños no estarán esperando a que acabe el curso para tirarlos al lijo.
Saludos y gracias camaradas

lourixe dijo...

Superior. Me saltan las lágrimas. Espero que la redacción de los restantes capítulos mantenga el nivel y permita la inclusión del reportaje completo en las candidaturas al Pulitzer.

Anónimo dijo...

Hola!
Gracias por contribuir en décadas pasadas e seguir contribuindo a que o voso país, Espanha, estea aínda con 20 anos de retraso con respecto ao resto de Europa e ao resto dos países do primeiro mundo.
Graciñas, de verdade.

Traffic dijo...

Gracias a dios que aun quedan patriotas como ustedes.

Arriba España!!
Viva la Región Gallega!

Floro-Doro dijo...

No sé, no sé, al artículo este del entorno húmedo le acabo de detectar un yerro ortográfico en el que un buen patriota español no incurriría: no es "atajo" sino "hatajo" (derivado de "hato"), ay, ay, esto quiere decir que, o bien el bárbaro dialecto interfirió al autor o que subrepticiamente se intenta minar (y con temporizador) la fortaleza y poderío seculares de nuestro idioma patrio. Lo primero es muy lamentable pero justificable en los albores de la gran cruzada iniciada por este cuaderno de bitácora; lo segundo coloca mis hispanos y viriles vellos como escarpias ante la sombra de la incisiva duda que me corroe el ánimo: ¿y si este cuaderno no fuese más que otra muestra de la labor soterrada e incesante de las oscuras fuerzas del mal judeomasónico? Aquí dejo este pensamiento inquietante y desolador con el más ferviente anhelo de que la sombra de la sospecha se diluya en la alborada del naciente sol que asoma todos los días más allá del Padornelo y de La Canda. Que así sea, Amén.

Mi abuela dijo...

Castellano rabuco, vete a tu tierra, que tu padre y tu madre comiendo mierda.

individuo15002 dijo...

Otra excelsa entrega de las aventuras de los libertadores de nuestra Provincia. Confío en que un día lleguen a Galicia, al paso alegre de la paz, trayendo con ustedes la ya tan ansiada libertad lingüistica, a la que recordamos con morrina. Vuelvan pronto, que no les detenga ni el orbajo ni la viruge de la gélida noche gallega.

Anónimo dijo...

Dónde estáis????????
Con la que está cayendo!!!
Será posible que no se encienda este faro? Sabéis cuántos y cuánto os echamos de menos, coño?
Será posible que hayáis enmudecido en hora tan necesaria?
Anda, pasapacasa y ponte a lo que hay que estar.

Fiel espada triunfadora dijo...

Somos pocos pero buenos...nuestro imperio echado a perder...en norteamérica dicen que nuestra excelsa lengua es la que usan los chicos de los recados...y lo peor es en ES-PA-ÑAAAA vascuences retorcidos, catalanes respondones...y ahora galleguiños que se manifiestan a favor de su "fala", onde imos parar? -ata a min péjaseme-, bua, bua, bua!

xosé dijo...

Resulta curioso, eu son galego pero nunca impuxeronme o seu uso, tampouco dixeronme nada por falalo, e non son ningún neno xa. Isto é un paso atras impulsado, por certos sectores "ranciosos" . Penso que non son un inculto por utilizalo, pero todolos dias atopome con incultos, a maior parte usan castelan e pensan que son mellores ca min.É pátetico falar de persecucions o castelan en Galiza, cantas canles de tv empregan o galego?, cantas emisoras de radio? cantos diarios?. Eiquí neste intre só vivimos un tipo de persecución linguistica, e o que diga o contrario é coma os que dín que o exterminio xudeo foí unha fotomontaxe.... de verdade pensades que o castelan periga en galiza? Vos nin sodes galegos nin vivides en GALIZA! Desculpade que empregase o galego ;)problabemente este comentaro este cheo de faltas ortograficas, pero é que o español esta en perigo....

Helena dijo...

DADES ASCO

Paloma dijo...

Hola ! tu blog es una mierda

Anónimo dijo...

Que noxo das, amigo. Entérate que Franco xa morriu.
Galiza Ceibe.

Anónimo dijo...

O blog máis repugnante e absurdo que vin ata o momento...
O mellor de todo, e que o creador/creadora/ignorante non debe ter máis que facer, que perde o tempo poñendo borralla como esta...
Pero bueno, supoño que para falar, hai que saber, e é algo do que este persoaxe carece.. xD

Castelao dijo...

AHAAHAHAHAHAHAHAAHAHAHAAH

VAIA JODIDOS PRINGAOS QUE SODES!!

HAHAHAAHAHA DIOS BENDITO !!

INTOXICACIÓN POR GAZPACHO PARA ESTE BLOG XA!

Amijo dijo...

Ostia Torrente tiene Blog

marcos dijo...

Pobre incultura dos españoliños coma vós. Se tanto castelán queredes, non sei que facedes na nosa terra galega. Fóra de aquí

Anónimo dijo...

Parvos do carallo! Así vai Galicia e España con xente coma vos ¬¬

Anónimo dijo...

Parvos do carallo! Así vai Galicia e España con xente coma vos ¬¬